Maruxa cultiva lechugas, grelos y flores comestibles en una ladera que amanece mojada. Cuenta que las abejas indican si la temporada será generosa. Sus cestas viajan en bicicleta hasta la plaza, donde chefs jóvenes aprenden a preguntar y a pagar justo. Un día nos regaló semillas antiguas de tomate para que seguiéramos la historia en casa. Desde entonces, cada ensalada tiene su voz. Escríbele una nota de agradecimiento si la encuentras: decir gracias también alimenta.
Tino no mira el reloj: escucha fermentadores. Reconoce a ojo la manzana más crujiente y defiende prensados lentos. Durante la visita, invita a oler barricas y entender por qué una sidra viva no necesita disfraces. En su mesa de cata, pan de escanda y queso asturiano demuestran alianzas sencillas. Nos pidió difundir fechas de espichas y animó a traer vasos reutilizables. Si pasas por allí, cuéntanos qué percebes aromáticos encontraste en su sidra; las notas varían con cada cosecha y lluvia.






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